viernes, 22 de septiembre de 2017

Oxford 3 - Oriel College

Resultó que uno de los días en Oxford era de visita para los nuevos alumnos, para que escogieran College. Aproveché para visitar gratis Christ Church y antes Oriel, al que estuvo vinculado John Henry Newman de un modo u otro entre 1822 y 1845.
Estuve en la capilla, donde él rezaría tanto, y luego seguí a un grupo y vi una habitación de las que enseñaban: Entre 1200 y 1400 libras al mes las menos caras (aquí, los detalles). Un padre le preguntaba a su hija, escocido, que dónde estaban las más baratas. Pero se les veía a los padres muy orgullosos, no es para menos: tener un hijo en la cima del mundo académico.

En la capilla estaba esta lista de capellanes:


Esta era la capilla


Sobre su historia, en este enlace.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Jerusalén 11 - El Complejo Ruso

El Russian Compound está al lado del barrio ultraortodoxo y no lejos de los etíopes y de Notre Dame, el "complejo católico" más o menos contemporáneo, también en principio para facilitar peregrinaciones. Son esas cosas que hacen tan extraño Jerusalén, tan microcosmos en lo espacial y también en lo temporal: ese barrio ruso es del siglo XIX, con la primera expansión fuera de la ciudad antigua, cuando Palestina todavía pertenecía al imperio turco.
Yo, después de ver a tantas familias ultraortodoxas paseando por las calles vacías del shabbat, me encontré la Catedral Rusa abierta. Como ves, era un pelín rechinante, pero bueno, bien:


[de wikimedia]

Había algún tipo de rito: el pope / obispo o lo que fuera estaba con el evangeliario arriba, con las puertas del iconostasio abiertas. En una esquina, un sacerdote confesaba, de pie, a la gente que se iba acercando. A las mujeres les cubría la cabeza con una especie de estola. Mientras, unas monjas (al menos eran mujeres con hábito, todo negro, con la cabeza cubierta con un velo también negro y luego una especie de corona negra por encima) cantaban una salmodia muy bonita, que acunaba, como de palomas.


photo: Roman Kriman, JerusalemShots.com [entrad ahí: tienen muchas fotos muy buenas]

Esta foto la pongo porque recoge muy bien lo que vi. El rito arriba, la gente de pie, monjas danzando por ahí (estas están detrás de las flores: se pasaban el tiempo limpiando: filtrando la arena donde se incrustan las velas, quitando algunas, ordenando otras).

La segunda vez que estuve allí estaba el pope haciendo la señal de la cruz con un pincel en la frente de la gente. Luego ellos con la palma de la mano se extendían por la cara el óleo, que eso me imagino que sería.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Oxford 2 - Escolanías y escolaníos

El último día en Oxford, vi que había Vísperas en la ahora Christ Church Cathedral, antes santuario de santa Frideswide, patrona de Oxford a la que Enrique VIII y sus amigos tiraron por ahí (vamos, tiraron sus reliquias, que ella estaba tan contenta en el cielo: el problema fue para ellos). Ahora han reconstruido la tumba, literalmente cenotafio (ceno = vacío / tafio = tumba) y dejan allí que se celebre la Misa católica: qué bien,
A los anglicanos les ha quedado casi sólo la música. Pero qué música. Cantaron el Nunc dimittis, dedicaron veinte minutos a cantar el salmo 78.



Eran 14 niños, de voces celestiales (y no me corto en decirlo así), y seis adultos. Ninguna niña. Yo me acordaba del intento que hay ahora en Santiago de revivir una Escolanía de la Catedral. Como no tienen criterio, o quizá es que estén atenazados por el igualitarismo, la han abierto a chicos y chicas. Resultado: un coro en un 99% de chicas adolescentes abúlicas o demasiado pequeñas y dos niños que están allí claramente porque les han obligado sus padres.

Pero oíd un ejemplo aquí para comparar. De llorar.

martes, 19 de septiembre de 2017

Jerusalén 10 - Mea Shearim

El primer sábado ya en Jerusalén me acerqué al barrio de Mea Shearim, que estaba cerca: quería ver cómo es el Shabbat para los hasidim, los judíos del este de Europa que acabaron siguiendo a rabinos carismáticos y que siguen vistiendo como hace dos siglos. Sí, esos que llaman «ultraortodoxos».
Lo que vi primero fue a un grupo de chavales con la vestimenta característica (y las da igual el calor que haga, visten igual que en Vilna o Lodz en pleno agosto en Jerusalén) que gritaban «Shabbes» a los coches. Unos soldados mantenían las cosas en sus justos límites:



Yo me acerqué a un grupo que estaba enfrente y le pregunté a uno que se estaba fumando un pitillo. Eran la oposición: judíos liberales que no debían tener nada mejor que hacer que tocar las narices a los ultraortodoxos encendiendo pitillos (algo prohibido en shabbat) en sus narices. Y habrá que preguntarse quiénes son los frikis ahí.

En donde estábamos resultó ser la calle de los Profetas, el primer ensanche de Jerusalén a finales del XIX, con su barrio etíope y casas de ingleses: una era nada más y nada menos que la del prerrafaelita Holman Hunt. Y así vamos de ilusión en ilusión.



Por allí me metí en Mea Shearim. Gracias a Dios no saqué el móvil ni hice fotos, algo que no está permitido en sábado. Era un barrio de casas viejas, cutres. En las paredes, grandes carteles en hebreo que me hubiera encantado poder leer: ahí descubrí las amarguras del analfabeto.
Había grupos de familias hasidim paseando por las calles vacías, el padre con la gabardina y el sombrero, la madre tapada hasta los pies (no van a tener cáncer de piel) y los cinco, siete, ocho hijos alrededor, siempre en grandísima armonía. Ni gritos, ni carreras, ni broncas. Podéis llamarles lo que queráis, pero amor por sus muchos hijos lo tienen por arrobas y eso a mí me impresionó mucho, también entre los palestinos. A diferencia de España, los niños son queridos en Israel.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Oxford 1 - Media vita

De camino a Londres desde Oxford (este relato, que iré mezclando con el de Jerusalén, vuelvo a empezarlo por el final), al comprar el billete del autobús me preguntó el chaval, después de decirle que sí, que yo quería un solo billete (estaba sólo yo solo), me preguntó, digo, que si yo era senior. Jo, cómo dolió, aunque ahora piense que me lo dijo formulariamente, por agotar todas las posibilidades de descuentos posibles. También pienso que era un poco cortito (pero lo pienso ahora con amargura y un poco de rencor) y un espíritu gregario, que diría a todos lo mismo.
En Israel ya tuve una experiencia similar: me preguntaron en un Museo si era senior, pero eso lo puedo explicar. Llevaba, por si acaso, un billete usado por otro, un jubilado, porque da derecho a una reducción en la segunda visita. No me había atrevido a sacarlo, pero me lo vieron y me preguntaron si yo era un jubilado. Creo (o eso espero) que lo dijeron con bastante incredulidad.

Pero es la primera campanada del resto de mi vida, ahora sí (media vita, etc.).

En la Catedral anglicana de Oxford estaba esta lápida bajo el busto:



No sabía de quién era pero me llamó la atención el texto, este:
Paucis notus, paucioribus ignotus
Hic iacet Democritus iunior
Cui vitam dedit et mortem melancholia

De pocos conocido, de menos todavía ¿desconocido / perdonado?
Aquí yace Demócrito el joven
al que vida dio y muerte la melancolía
Y busco ahora en google, a ver si encuentro algo y resulta que es el famosísismo Robert Burton, el autor de la Anatomía de la melancolía, libro del que he oído hablar tanto. Bueno, yo melancólico no soy, creo, o no mucho, pero un poco de Memento mori sí que me viene bien.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Para redondear tres meses gloriosos

Me voy a Oxford a un Congreso.
Estos tres meses redondos empezaron a finales de junio en Sevilla, luego vino Italia, luego Jerusalén. No me puedo quejar. Ya contaré a partir del lunes. Os dejo esto de la última noche de los Proms:



martes, 12 de septiembre de 2017

Jerusalén 9 - Yad Vashem

El Museo del Holocausto está en un monte singular, donde está enterrado Herzl, el sionista padre intelectual del moderno estado de Israel, además de personalidades políticas, militares y víctimas de las guerras y el terrorismo. El sionismo, que en principio era una utopía nacionalista-socialista bastante ridícula, desde mi punto de vista, quedó en algo secundario desde el momento en que la realidad del Holocausto obligó a encontrar un refugio en la tierra: si a los judíos los estaban matando en todo el mundo, empezando por el país que estaba en la cima de la cultura ilustrada, Alemania, al menos tiene todo el sentido encontrar un lugar donde esconderse, por mucho que les pesase a quienes vivían allí, los palestinos. Pero es que los judíos, si lo son, es también por ese trozo de tierra que les ha marcado para siempre. Por otro lado, los palestinos podrían haber vivido bien con los judíos si no hubiesen decidido en 1948 exterminarlos también ellos.

El complejo esimpresionante, con el Museo en el centro, subterráneo, recorrido por un prisma triangular que da acceso a las salas, en un recorrido en zigzag y que acaba en un mirador abierto: tienes que coger aire después de la visita y al final también está la esperanza, gracias a Dios.


[La foto, de la web del arquitecto]

Lo que hace este Museo es mostrar lo más claramente y objetivamente posible cómo se produjo el sistemático asesinato de judíos por parte de los nazis. Desde el pasillo central uno va en zigzag, recorriendo las salas



Entras y te encuentras con los antecedentes. Allí hay esvásticas, toda la parafernalia, cosas horrorosas de la propaganda de la época. Eché de menos algo más de las causas intelectuales del nazismo: la culpa se la quedaba todo una especie de antisemitismo histórico que se ligaba sólo al cristianismo, algo a todas luces injusto. No aparecían por ahí mencionados algunos filósofos y algunos ideólogos:


Lógicamente, está prohibido hacer fotos en ese Museo. Yo cojo estas de su web, que os recomiendo.

El Museo es magnífico y está organizado admirablemente. Se sigue muy bien la información general sobre el proceso -tan científicamente diabólico- de aniquilación de los judíos, que se complementa con paneles centrados en historias personales y vídeos de testimonios de víctimas.

Es desgarrador. Para mí fue una experiencia devastadora, como debe ser, aunque la última sala, dedicada a los Justos de las Naciones, esas personas que arriesgaron sus vidas por salvar judíos, me dio mucho ánimo. Creía que serían unas decenas y resulta que son unas decenas de miles, gracias a Dios. El mal parece que puede vencer, pero no, al final no.

Luego está el gran archivo con todos los nombres de las víctimas. Se dice, y ahora me parece que con gran frivolidad, que los judíos no olvidan: yo me alegré de estar en aquel espacio donde guardan todos los nombres de los que murieron.

Y fuera hay un memorial, como una cueva subterránea, donde casi a oscuras oyes leer nombres del medio millón de niños muertos a manos de esos monstruos, los nazis.